Sanación Emocional… Pero ¿qué es?
En mi día a día, conversando con amigos, conocidos, nuevos pacientes o simplemente haciendo scrolling en redes sociales, aparece con frecuencia la combinación de estas dos palabras: “sanación emocional”. Es un concepto muy popular, incluso como hashtag -yo misma lo uso-, sin embargo, pocas personas comprenden realmente. Su significado suele diluirse entre la enorme cantidad de información superficial que circula.
Qué creemos que es la sanación emocional
Muchos creen que la sanación emocional consiste en “sanar las emociones”: no quiero sentir enojo, no quiero sentir dolor, porque miran ciertas emociones como “negativas”. En realidad, tanto el enojo como el dolor son señales: alarmas que el cerebro envía al cuerpo para protegerse en el caso del enojo, y para advertirnos en el caso del dolor.
Qué significa realmente: volver al centro
Si desglosamos las palabras, encontramos más claridad.
Sanación proviene del verbo latino sanare, que significa “restaurar la salud”, y salud es “estar bien, estar a salvo”.
Emoción deriva del latín emotio–emotionis y del verbo emovere: “mover desde, desplazar algo desde un punto”. Por eso, la emoción es aquello que nos mueve de nuestra neutralidad.
Literalmente, “sanación emocional” significaría restaurar el bienestar de algo que se movió de su centro. Es decir, regresar al centro, volver a nosotros mismos, a salvo.
La emoción no se sana: cumple una función
No siempre es necesaria una sanación emocional; no “sanamos” una emoción. Si mi jefe me pide algo de forma exigente y me enojo, está bien, es algo coherente El enojo, igual que las demás emociones, es funcional. Nos permite establecer límites sanos; es un movimiento que nos saca de nuestro eje para ir hacia algo, frenarlo y, finalmente, volver al centro. Lo hacemos todo el tiempo: es parte natural de la regulación del sistema nervioso.
Dónde aparece el conflicto emocional
El conflicto aparece cuando quedamos atrapados fuera de nosotros, en ese “algo hacia afuera”, y permanecemos enojados. Ahí ya no estamos a salvo, ya no estamos “en salud”. Y entonces intentamos “sanar la emoción”, aunque en realidad lo que se necesita es regresar al centro, porque la emoción en sí es funcional.
Patrones emocionales: cuando no podemos regresar «al centro»
Cuando no podemos volver, y siempre repetimos la misma reacción, estamos frente a un patrón emocional, una repetición activada por “ganchos emocionales” del pasado. Algo ocurrió en la infancia, adolescencia o incluso en etapas más recientes -un trauma o un evento doloroso- que nos ancló a una vivencia específica. Cuando una dinámica actual toca esa herida, reaccionamos de forma automática, como si fuera la primera vez.
Un ejemplo real: el cuerpo recuerda
Una amiga, amante de la cerveza, después de la muerte de su papá -repentina y trágica, producto de un accidente vial- dejó de poder beber su bebida favorita. En una sesión de terapia se reveló la razón: cada vez que intentaba tomar cerveza experimentaba náusea, mareos y presión en el pecho.
Recordó que cuando recibió la llamada para informarle la muerte de su padre, ella se encontraba en casa con sus amigos, tomando cerveza. El cerebro, y por ende el cuerpo, grabó ese dolor abrupto junto con la acción que estaba realizando. Por eso, cada vez que volvía a beber, el cuerpo reproducía la experiencia de aquel instante devastador.
Fueron necesarias varias sesiones de terapia para resignificar “la cerveza” en un espacio placentero, seguro y alegre.
No sanamos emociones: transformamos patrones
No sanamos la emoción; la emoción existe para mostrarnos algo y, en su función, es perfecta. Lo que buscamos es reconocer el patrón repetitivo que activa esa emoción como reacción automática y no como elección consciente.
Y también transformar la creencia: todas las emociones son funcionales, cumplen una tarea. Se vuelven disfuncionales cuando no son conscientes, cuando surgen como reacción a un estímulo externo y no contamos con las herramientas para sentirlas, aceptarlas y darles una vía de salida que no nos aplaste ni nos domine.
Cuando el sistema nervioso está sobrecargado
Las personas con alta reactividad emocional suelen presentar niveles elevados de estrés y un sistema nervioso alterado. Cuando llegan conmigo, los identifico por su dificultad para concentrarse, su incapacidad de sostener la mirada por mucho tiempo, su tendencia a saltar de un tema a otro, su falta de enfoque y su hábito de descargar hacia afuera todo aquello que les pesa internamente.
Primer paso: volver a respirar
El primer paso que les propongo es “respirar”, o más precisamente “volver a respirar”, mediante ejercicios de relajación corporal. Casi de inmediato cambia su semblanza y, en la mayoría de los casos, lloran. No saben por qué, pero lloran, liberando el estrés acumulado. Ahí se abre la primera puerta: el cuerpo y el sistema nervioso bajan sus defensas.
Segundo paso: sanación con cristales de cuarzo
Esa es la entrada que me permite ofrecer el siguiente paso: la sanación con cristales de cuarzo, una técnica poderosa dentro de la metodología de la Maestra Ana Silvia Serrano. Esta herramienta facilita un reajuste energético profundo a través de la limpieza y reorganización de la energía de órganos y sistemas, trabajando en los siete chakras principales.
Los cristales elevan la energía, refinan su movimiento, amplían la percepción y abren una nueva ventana para la psique; el consultante empieza a observar sus “dramas” desde un ángulo distinto.
Tercer paso: geometrías de obsidiana y trabajo profundo
El tercer paso que propongo, cuando la persona cumple con los requisitos necesarios, es la terapia con geometrías de obsidiana, para trabajar con profundidad en su inconsciente y en las raíces de sus conflictos emocionales.
Aquí no “sanamos emociones”: liberamos, desde la memoria del cuerpo, emociones que quedaron atrapadas después de traumas o momentos dolorosos que no pudieron procesarse.
En esta fase, el consultante aprende también a gestionar su cuerpo emocional, a comprender que sus emociones le sirven para detectar aspectos de sí mismo y a desarrollar herramientas para sentir, procesar y resignificar sin dramatizar.
Integrar, no reprimir
No necesitamos dominar las emociones y menos reprimirlas, sino sentirlas, reconocerlas e integrarlas para que no se fijen ni se cristalicen en el cuerpo físico.
La “sanación emocional” es un proceso que requiere tiempos distintos para cada persona. Y depende, ante todo, de la voluntad de cada uno para sumergirse en él.
“La sanación es volver a la totalidad.»
C.G. Jung
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