La búsqueda de sentido en el trabajo terapéutico
Observa. Observa el mundo que nos rodea. ¿Qué es lo que domina? El CAOS, lo cual de por si tiene la semilla del orden que le sigue. Observo y cierro los ojos. Siento, adentro, en el cuerpo. Frustración, rabia, impotencia. Esas son las reacciones instintivas frente a tantas guerras, genocidios, hambrunas y desastres.
Respiro, inhalo y exhalo. Las emociones se aquietan y queda un vacío.
Desde ese lugar surge el entendimiento de que cada uno de nosotros es cómplice de lo que sucede afuera y, al mismo tiempo, en cada uno de nosotros está el germen del cambio. Un acto de voluntad, un esfuerzo, una chispa de libre albedrio que encienda nuestra esencia para ir adentro y ver lo que no queremos ver: nuestra sombra individual y colectiva, que corrompe y acecha al género humano y a la vida de nuestro planeta.
¿Qué ha perdido la humanidad para llegar a los eventos a los que presenciamos hoy en día? Después de tantos años dedicándome al camino terapéutico, tanto personal como lo que brindo a otros, he llegado a la conclusión de que una respuesta a esta pregunta es la perdida de conexión con lo simbólico, con lo sagrado, con lo profundo.
Hoy, en el mundo de la inmediatez, todo fluye demasiado rápido. Muy pocos seres siguen o conectan con la calma, con la naturaleza, con su propia esencia.
No se detienen a reflexionar. Ávidos comen datos e informaciones desde el eterno banquete de los bytes. Más bytes, más dopamina, más felicidad fugaz, dependencia, obsesiones. Elementos que inciden y empeoran un cuerpo social ya lo suficientemente devastado, donde nadie tiene el control de su vida, de su voluntad, de su palabra, de sus acciones y menos aún de la responsabilidad de las consecuencias. Los núcleos familiares se empobrecen de vínculos, de orden y su estructura se desmorona.
Seres a la deriva. Aniquilamiento de sí mismos.
Somos seres primitivos, nuestro inconsciente no guía, el sistema límbico reacciona, y el entorno psicosocial reprime, sofoca, aplasta y quiebra. El cuerpo físico somatiza y cristaliza este conflicto. Solo entonces, y en un porcentaje muy bajo, las personas deciden buscar la cura para sus dolencias. Y entre ellas, menos aún deciden buscar algo que sane desde la raíz, hurgando en los orígenes de su malestar.
De estas pocas personas, aún menos aceptan ver esa parte rechazada e ignorada, que duele, que sangra, que huele a podrido y que es el campo de cultivo de la enfermedad y de la desgracia.
Y aquí he de incidir en lo que es necesario para toda sanación profunda: la reconexión con lo simbólico, lo profundo, lo invisible, lo inconsciente.
Un camino iniciático, como lo es la terapia de obsidiana: una medicina contemporánea con sabiduría ancestral.
¿Por qué lo simbólico?
Porque el símbolo es un lenguaje universal. Como dice Carl Jung “el símbolo tiene el poder de transformar aquello que no podemos entender racionalmente”. Podemos no reconocerlos con nuestra mente consciente, pero nuestro inconsciente los contempla todos.
Es el lenguaje de alma humana, y se ha expresado a lo largo de los siglos de nuestra civilización, y de las anteriores, a través de los mitos y las leyendas.
El símbolo es esencial para la integración psíquica y el proceso de individuación, pues facilita que contenidos inconscientes emerjan a la consciencia y favorezcan un cambio interno. Por eso es imperante, cuanto necesario, regresar y reconectar con lo simbólico.
La obsidiana, con sus múltiples propiedades y características, nos proyecta en una pantalla IMAX todo el contenido de nuestro inconsciente (símbolos, mitos, arquetipos) donde moran las raíces profundas de nuestros desequilibrios.
El trabajo con obsidiana es una decisión, un acto de voluntad y de poder definido y dirigido hacia un objetivo: rescatar el equilibrio de los opuestos, integrar la dualidad, luz y sombra y esto implica meterse donde no quieres estar. Es un acto que no busca respuestas mágicas ni fáciles, sino un contacto honesto y puntual con la sombra personal y colectiva.
¿Qué entendemos por inconsciente, mito y arquetipo?
Vamos a hurgar en estos conceptos básicos, de suma importancia y necesarios de comprender, ya que son pilares fundamentales de la psicología analítica junguiana y se trabajan en la terapia de obsidiana.
Inconsciente, símbolos, mitos y arquetipos.
Desde la mirada de Carl Jung la psique del ser humano consta de tres partes: la consciencia, el inconsciente personal y el inconsciente colectivo.
La consciencia, es decir la capacidad de reconocer la realidad de sí mismo y del mundo, es la función que permite al ser humano adaptarse a su entorno. Tiene como eje central el Yo-Ego, el sentido del “si-mismo”, que cumple el rol de puente entre el Yo y la realidad externa. Actúa como un filtro y un guardián del umbral entre la consciencia y lo inconsciente.
El inconsciente personal abarca los contenidos de la mente que han sido reprimidos, los recuerdos olvidados, los traumas personales y solo puede ser inferido a través de ciertas manifestaciones como los síntomas, los complejos y los símbolos en los sueños.
El inconsciente colectivo es, según Jung, la región más importante de la psique. Representa el substrato más profundo de la mente, está presente en cada ser humano desde el nacimiento, y es compartido por todos los individuos de la especie. Contiene la experiencia humana universal acumulada a lo largo de todas las generaciones. Es la fuente de toda la energía psíquica, incluida la consciencia, y constituye la base de la libido, entendida aquí como la fuerza vital creativa que trasciende la mera esfera sexual: “el alma psicológica” como la llamaría Jung. Este inconsciente colectivo tiene propósito e intencionalidad, ya que se expresa y manifiesta a través de fuerzas energéticas que descansan en elementos primordiales y arcaicos comunes a toda la humanidad: los arquetipos.
“Mientras no logres transformar lo inconsciente en consciente,
lo inconsciente guiará tu vida y tú lo llamarás destino”.
C.G. JUNG
El “arquetipo” es una estructura energética que posee una realidad autónoma y actúa por sí misma, sin depender de nuestra consciencia.
Los arquetipos son formas o imágenes primordiales de naturaleza colectivas que estructuran los símbolos y mitos de todas las culturas. Son patrones universales de experiencia psíquica (como el Héroe, la Sombra, la Madre etc.). El inconsciente personal reverbera con el inconsciente colectivo cuando el ser humano atraviesa una vivencia emocional intensa.
Por ejemplo, si un hombre está obsesionado con el éxito a cualquier precio, o que después de perder su empleo, se embarca en un proyecto casi imposible para “rescatar” la economía familiar, trabajando sin descanso y rechazando cualquier ayuda, podría estar encarnando el arquetipo del Héroe, movido por la misión de salvar a los suyos, aunque ponga en riesgo su salud y equilibrio emocional.
O si sentimos miedo sin una causa aparente, podría estar actuando la Sombra: el arquetipo que representa lo reprimido o negado. Los arquetipos moldean nuestras emociones, sueños, elecciones y formas de relacionarnos con el mundo. Para Jung, los mitos son expresiones simbólicas de estos arquetipos: relatos fundacionales y cosmogónicos que, a través de imágenes y personajes, nos hablan del viaje de la psique humana y de los desafíos existenciales que todos enfrentamos.
El mito, palabra de origen griego (μῦθος = discurso, relato, lema) es, desde la mirada de Joseph Campbell, una metáfora viva que surge de la imaginación humana y expresan una verdad profunda envuelta en símbolos. Es una narración de una “historia sagrada”, relatos de los actos de los dioses, que perduran y nos conectan con lo profundo, como señalaba Mircea Eliade.
Para Jung el mito es una expresión simbólica espontánea del inconsciente colectivo. Surge como imagen y relato a partir de los arquetipos que todos los seres humanos vivimos. El mito funge como “revelación original de la psique preconsciente” y es clave para explicar procesos psíquicos universales, ofreciendo sentido, sanación, orientación y acceso a dimensiones más profundas de la existencia.
“El mito no es invención consciente.
Es una revelación espontánea de la psique preconsciente,
la manifestación de impulsos inconscientes.”
C.G. JUNG
La sombra y los arquetipos femeninos.
Ana Silvia Serrano, creadora del método de sanación con geometrías de obsidiana y autora de los libros “Obsidiana, piedra sagrada de sanación” y “Osiris, el huevo de obsidiana” retoma una visión profunda del inconsciente, reconociendo que los mitos y arquetipos no solo habitan en nuestra mente, sino que también se inscriben en el cuerpo, en la memoria celular y en los sueños. Sin embargo, ella aporta una gran novedad a este enfoque terapéutico: la comprensión de la sombra femenina, un tema innovador, siendo poco explorado por otros autores.
La Sombra es el arquetipo del contenido negado, reprimido y rechazado. En la mujer, se puede expresar y manifestar en el cuerpo físico a través de padecimientos críticos, sobre todo en su aparato sexual, como miomas, endometriosis, VPH, quistes ováricos, quistes mamarios, cáncer de útero y de mama.
En la terapia de obsidiana, reconocer estos relatos internos, darles un lugar y un significado, es un paso esencial para sanar desde lo más profundo y reconectar con la sabiduría original que habita en cada mujer.
Durante el proceso terapéutico con geometrías de obsidiana, se abren las puertas del inconsciente para mirar de frente las partes fragmentadas de nuestra psique: aquellas que hemos reprimido, negado o simplemente no hemos podido integrar. Desde este enfoque, trabajamos con cuatro arquetipos femeninos sombríos profundamente reveladores: la esclava, la niña, la puta y la madre siniestra (o devoradora). Los arquetipos son patrones universales de conducta y moran en el inconsciente colectivo. Estos cuatro, en particular, reverberan en la psique de la mujer -en su inconsciente personal- y se manifiestan a través del contenido emocional que conllevan, cada uno con su propia carga y peculiaridad. Es tarea del terapeuta certificado reconocerlos en la consultante y abordarlos mediante actos psicomágicos que permitan su reconocimiento e integración.
Para Ana Silvia Serrano, los arquetipos son cárceles, ya que actuamos desde ellos sin darnos cuenta, y literalmente pueden volverse dueños de nuestras vidas. Los arquetipos no desaparecen, porque son estructuras inconscientes, pero como la Mtra. Ana Silvia solía decir “ahora te vi, ya te chingué”. El secreto es verlos, el darnos cuenta de que estamos actuando desde allí, y así poder cambiar el rumbo de nuestras vidas recuperando nuestro poder interno.
Estas manifestaciones arquetípicas no son simples metáforas: se expresan en bloqueos físicos, síntomas, emociones reprimidas, relaciones conflictivas y creencias autolimitantes. En su raíz, operan mandatos patriarcales, fidelidades ancestrales y mecanismos de supervivencia.
El patriarcado
El patriarcado es un sistema de creencias que utiliza la violencia, el sometimiento, el control, incluso hasta la muerte, y está legitimado por las instituciones que lo sostienen. Afecta a los seres humanos de cualquier género, ya que se trata de una forma de organización social y cultural en la que la autoridad, el patrimonio y los privilegios suelen transmitirse por línea paterna. La masculinidad se convierte así en el eje de la estructura social, imponiendo la subordinación de las mujeres y, en muchos casos, de otros sujetos considerados “inferiores” según los parámetros de cada contexto.
Esta estructura no sólo mantiene la desigualdad de género, sino que la perpetúa mediante instituciones como la familia, la religión, el derecho y la economía, otorgando poder y privilegios a los hombres, y relegando a las mujeres a roles secundarios o subalternos.
Afrontar esta sombra no es tarea fácil, pero sí esencial. Solo al mirarla con consciencia y presencia, sin juicio, puede comenzar la verdadera transformación: la que nos devuelve la dignidad, la autonomía, la salud y el amor propio.
“Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma”
C.G. JUNG
Osiris, el huevo de obsidiana como camino simbólico y energético
Antes que nada, quiero aclarar y desmitificar una tesis que circula desde hace más o menos una década: la afirmación de que el huevo de obsidiana es “ancestral”. Totalmente FALSO. Si realmente fuera una herramienta ancestral, las mujeres -y la sociedad toda- no se encontrarían hoy en día tan sometidas y enfermas.
El huevo de obsidiana es una herramienta contemporánea y, al igual que las demás geometrías de obsidiana, forma parte de una metodología terapéutica que se considera “la medicina del presente y del futuro”.
En este sistema de sanación, no trabajamos con un huevo de obsidiana cualquiera. Aquí se utiliza Osiris, el huevo de obsidiana que representa un símbolo profundo de renacimiento, transformación y conexión con la psique femenina. Su forma ovalada, sin aristas, con su sello energético grabado, remite al origen de la vida y a la matriz cósmica. En el cuerpo, su uso facilita un contacto directo con las capas más sutiles del inconsciente, abriendo un canal entre lo emocional, lo físico y lo energético.
Al ingresar en el centro del cuerpo femenino, el canal vaginal, actúa como un espejo que refleja lo que ha sido negado o silenciado, permitiendo que memorias reprimidas emerjan con claridad: sensaciones, emociones, imágenes y patrones heredados que buscan ser vistos, comprendidos y liberados.
Desde una perspectiva simbólica, el mito de Osiris -desmembrado y vuelto a unir gracias al amor y la magia de Isis-, representa la posibilidad de reconfigurar el contenido fragmentado de la psique. Así, Osiris, el huevo de obsidiana, se convierte en puente entre la sombra y la consciencia, entre el cuerpo herido y el alma que busca integración, abriendo paso a la sanación profunda.
Aquí he hablado de la geometría de obsidiana más conocida -y desgraciadamente más pirateada- pero no es la única. En la metodología existen muchas otras geometrías de obsidiana, cada una con una función específica dentro de un protocolo terapéutico eficaz y respaldado por tres décadas de casos clínicos exitosos.
Y no me cansaré jamás de repetirlo: es FUNDAMENTAL el acompañamiento de un terapeuta certificado. De lo contrario, el uso de las geometrías puede resultar caótico e incluso contraproducente para quien las emplea sin guía adecuada.
Ejemplos y resultados. ¿Qué transforma la obsidiana?
Cada proceso con obsidiana es un viaje único, pero hay hilos comunes que se repiten. He acompañado a mujeres que, afectadas por miomas y quistes ováricos, en menos de dos años de proceso terapéutico recibieron estudios clínicos negativos. Otras experimentaron una liberación emocional profunda, dejando atrás vínculos tóxicos y cambiando totalmente la dirección de sus vidas.
He visto renacer el deseo sexual en mujeres que lo creían perdido, no desde una exigencia externa, sino desde un anhelo interno que se volvió a encender con dignidad y respeto del propio cuerpo. También he sido testigo de procesos de sanación física, como la hipertensión, con mujeres que, después de tres meses, dejaron por sí solas de tomar la pastilla para regular la presión. O revertir un inicio de cirrosis hepática. Y muchas otras han podido restablecer orden en su vida, sanado heridas, traumas, abusos, disolviendo conflictos familiares y de pareja, y resignificando sus relaciones.
En mi propia experiencia, la obsidiana ha sido una gran maestra. Me ha llevado a mirar partes de mí que había guardado por años en los rincones más oscuros, y al reconocerlas, algo se ordenó. No de forma mágica ni inmediata, sino con verdad, compasión y también fuertes sacudidas. Porque la obsidiana confronta y transforma desde adentro.
Honrar lo que somos
Cada mujer es un universopropio, una historia única tejida de luces y sombras, de heridas y anhelos. Reconocer su esencia es un acto de valentía y de amor propio. En un mundo que nos empuja a desconectarnos del alma y a etiquetar lo invisible como patología, la terapia de obsidiana ofrece un camino para recordar quiénes somos más allá de los condicionamientos.
No se trata de seguir una moda terapéutica ni de buscar soluciones rápidas.
Es un sendero íntimo, profundo y transformador.
Un regreso al cuerpo como templo, a la psique como símbolo, y al alma como guía. Un espacio donde la herida deja de ser carga y se convierte en una oportunidad de crecimiento.
Si este llamado resonó en tu corazón, te invito a comenzar tu propio viaje de regreso hacia ti.
Puedes escribirme desde el formulario de contacto en mi web o por mensaje directo en mis redes sociales.
Estoy aquí para acompañarte, con respeto, presencia y cuidado.
Tu sombra también es tu luz esperando ser mirada.
“Quien mira hacia afuera, duerme;
quien mira hacia adentro, despierta.”
C.G. JUNG
Categorías: Cristales y Obsidiana, Espiritualidad
Etiquetas: arquetipos, mitos, conciencia, inconsciente, sanación emocional, sombra, terapia, sombra femenina, obsidiana, Osiris el huevo de obsidianas